#13 edición

Keka ya no tiene miedo

Keka Sánchez estudió Derecho, carrera que no concluyó al dedicarse a su actividad profesional al 100%, pero la vida le llevó por otros derroteros y actualmente su profesión es la Social Media Manager & Strategist. Es decir, se dedica a la creación e implementación de la estrategia de las empresas en redes sociales, además de ser formadora en este ámbito.

Keka nació en Madrid, pero el amor le llevó a vivir muchos años en Málaga, donde nacieron sus dos hijas. A los 25 años empezó a trabajar por cuenta propia, una etapa en la que tuvo que hacer, dice, un “esfuerzo impagable, sin vacaciones, sin descanso… y encima por un sueldo muy bajo y muchas veces sin él”. Lo que empezó como una gran apuesta, con ilusión y muchas ganas, terminó convirtiéndose en un suplicio. Así que sus metas y sus ideas empezaron a cambiar.

Keka Sánchez - Ideas en Femenino

Fue en ese momento de su vida cuando se dio cuenta de que era miedosa y de que no tomaba decisiones. “Hacía cosas que realmente no quería hacer, y era por miedo”, nos confesaba. Hasta que decidió separarse del padre de sus hijas. No quería hacerlo porque no sabía cómo lo iba a contar en casa, tenía miedo de la reacción de su familia. Sin embargo, al separarse, Keka se refugió en sus padres. “Mi padre, incluso, tomó parte en la educación de mis dos hijas cuando me separé”, nos contaba.

Como consecuencia de la separación, Keka se puso a trabajar por cuenta ajena en una empresa de energías renovables pero, con la crisis, el negocio se fue al traste y ella tuvo que empezar de nuevo.

Una de las grandes lecciones que nos enseñó Keka en su ponencia de Ideas en Femenino en Facebook y que para ella supusieron un antes y un después en su vida, fue el momento en el que decidió comenzar a capitalizar su conocimiento. Hasta entonces, todo lo que había hecho en el mundo de las redes sociales había sido de forma gratuita. Y eso le llevó a plantearse si realmente hasta el momento la habían contratado porque hacía bien las cosas o sólo porque lo había hecho gratis.

Ahora Keka se ha vuelto a casar, vive en Sevilla y ha vuelto a ser feliz. Ha dejado atrás sus miedos y ha tomado las riendas de su vida, haciendo lo que más le gusta.

Gracias, Keka, por venir a contarnos tu historia y compartir un poquito de ti con todos nosotros.

En el momento que tomé la decisión de capitalizar mi conocimiento, mi vida cambió.
— Keka Sánchez

El coraje de una joven Carola

Carola trabajaba en una agencia de publicidad hasta que dio a luz a su bebé. Después de la baja maternal intentó volver a su empresa, llevándose a su hijo a trabajar, pero pronto se dio cuenta de que la situación era insostenible, así que dejó la empresa en la que trabajaba.

Por un lado, Carola no se sentía realizada. “Los clientes no entienden y no valoran todo el trabajo que hay detrás de una campaña de publicidad”, nos contaba. Y por otra parte, desde que nació su hijo, se dio cuenta de que Gael demandaba y necesitaba que le dedicase su tiempo. “No sabemos vivir, vivimos en una vorágine constante”, nos decía Carola. ¡Y cuánta razón tiene!

Al día siguiente de dejar la empresa de publicidad para la que trabajaba, Carola empezó a montar el Club Coccole, un club en el que se organizan actividades y talleres para bebés hasta 3 años. Los talleres que se organizan son muchos y muy variados, desde talleres de música, cocina, baile, ejercicios de piscina, pintar al ritmo de la música… Coccole es un club que cuenta con más de 400 familias en menos de un año de vida y en el que la participación de los padres es constante. Son ellos quienes le proponen a Carola diferentes actividades y ella busca el lugar y la forma de hacerlas.

Además de las actividades para los bebés, también organizan actividades para los padres, como la “Noche de Mamis”, que es una noche al mes en la que las madres del club salen a tomar algo y bailar.

Coccole es una idea que nació de la necesidad de Carola de dedicarle tiempo a su hijo, pero también de que su bebé empezase a desarrollar sus sentidos y a relacionarse con otros niños. En menos de un año de vida el club está siendo todo un éxito porque cubre una necesidad que muchas madres de Málaga tenían y porque Carola está poniendo en él toda su ilusión y sus ganas.

Enhorabuena, Carola, por este gran proyecto. Te deseamos que siga creciendo y que sigas ayudando a tantas mamis y a sus bebés a pasar tiempo y a disfrutar juntos.

No sabemos vivir, vivimos en una vorágine constante.
— Carola Felis

Rocío está siempre pendiente de todos

A Rocío Alfaro Calvo le diagnosticaron hace cuatro años un cáncer. Entonces sólo tenía 38 años y un dolor en la cadera. La ingresaron nada más conocer el resultado de las pruebas, prácticamente de la noche a la mañana.

Rocío es madre de tres hijos que entonces tenían 10, 8 y 5 años. En ese momento, cuando le diagnosticaron la enfermedad, sus hijos no entendían la carga negativa de esa palabra, “Cáncer”, pero su marido y ella querían explicárselo y que fueran conscientes de la enfermedad de su madre. Así, decía Rocío, “el cáncer entra de una forma natural en sus vidas, es decir, que la fecha de una sesión mía de quimioterapia se convierte en algo tan importante como una cita con el dentista o un examen de francés”.

Rocío nos contaba que dar a la familia la terrible noticia de que te han diagnosticado un cáncer es complicado, “pero también es un momento bonito porque salen las emociones, el cariño… y mejora las relaciones familiares”. Además, aprendes a vivir y desarrollas un gran sentido del humor a pesar de que el miedo a morir existe y está presente durante toda la enfermedad, pero que tiene que desaparecer para que te deje disfrutar.

Para perder ese miedo, o al menos dejarlo a un lado, Rocío nos habló de la importancia de la buena relación con los médicos. En Oncología, nos decía, los médicos tienen una sensibilidad especial, saben tratar al paciente, y también a la familia. Ella nos contó, con la gracia y el arte que le caracteriza, cómo fue desarrollándose la relación con su oncólogo Diego, del hospital Costa del Sol. “Me lo tuve que ganar porque empezaba a ser el hombre de mi vida, la persona que se encarga de ponerme la quimioterapia”, decía.

Rocío vive fijándose metas y cumpliéndolas. Su primera meta fue llegar al día de la Comunión de sus hijas pequeñas, y a partir de ahí ha ido poniéndose otras, y superándolas poco a poco. A ella apenas le ha afectado el cambio de imagen: “es verdad que engordas, que se te cae el pelo… pero lo importante es encontrarte bien contigo misma”.

El cáncer es algo que Rocío no ha elegido, que le ha tocado, como a muchas otras personas, pero la gran lección que nos enseñó es que, a pesar de que no puedes elegir qué cosas te ocurren en la vida, sí puedes elegir cómo vivirlas. Y ella ha decidido vivir siendo feliz. Enhorabuena y gracias por compartir con nosotros tu maravillosa e inspiradora historia, Rocío.

Cuando te diagnostican el cáncer es una terrible noticia, pero también es un momento bonito porque salen las emociones, el cariño… y mejoran las relaciones familiares.
— Rocío Alfaro

Marta y su pasión por la familia

Marta González fue la última de las ponentes que tuvimos en #IEF13 y la última de este maravilloso 2015. ¡Qué mejor cierre!

Marta quería ser maestra, como su padre, “porque me gustaba mandar y montar saraos”, contaba. Sin embargo, terminó estudiando Económicas, porque su padre le aconsejó hacerlo, ya que creía que con la enseñanza no tendría un buen futuro.

La experiencia laboral de Marta comenzó en una pequeña empresa que ella misma puso en marcha. Era un consultoría, y con ella se llevó el primer batacazo de su vida. “Mis padres eran funcionarios y yo no sabía lo que era ser empresaria”, explicaba.

Durante su aventura con la consultoría, siendo autónoma, Marta se casó y se quedó embarazada. Para otras mujeres podría haber sido un gran problema, pero ella contó con la ayuda de su pareja. “Tengo la suerte de tener un marido conciliador. Es funcionario y por eso podía y quería ayudarme. Su baja paternal era mayor que la mía por ser autónoma, así que él pidió la baja”, nos explicaba.

Pero no fue tan fácil. Según nos contó Marta, ella sufrió mucho. “Las mujeres nos echamos la carga emocional de querer estar en todo y a todo”, aseguraba. Así que, en esa situación, se vio obligadas a llevar a su hija a la guardería con 7 meses. Pero al mes, a Marta le ofrecieron trabajar en colegio concertado y dejó su empresa, porque pensó que así podría pasar más tiempo con su hija. “Al principio muy bien, pero pronto empecé a sentirme enjaulada. No me concentraba y perdí el trabajo porque era despistada con los números”, nos confesó. Como consecuencia del despido, Marta perdió la confianza en sí misma. Ella es economista y un trabajo que era prácticamente basado en hacer números había podido con ella.

Empezó entonces a buscar trabajo como administrativa porque, aunque no le gustaba, no soportaba ni admitía la idea de que la hubiesen echado. Así que comenzó a trabajar en una asociación de empresarios de Vélez Málaga y se puso a estudiar un Master Executive en ESESA.

Fue en ese momento de su vida, cuando su mundo volvía a estabilizarse, cuando empezó con los trámites de adopción. “A la vida hay que devolverle lo que te da”, nos decía. Y cuando tuvo todos los papeles en orden, ella, su marido y su hija mayor se fueron a China a por la que hoy es su hija pequeña, Marta. Entonces también tenía a su segunda hija, pero se quedó en España porque era recién nacida.

Actualmente, entre otras muchas cosas, Marta es representante de la Fundación Alia2, que centra sus esfuerzos en la protección de los niños. En palabras suyas, su trabajo consiste en “hacer proyectos;  me gusta crear, llevar ideas a buen puerto”. Pero aunque adora su trabajo, su verdadera pasión es su familia. Según nos confesó, Marta ocupa todo su tiempo libre con su familia, porque quiere es que sus hijas recuerden su infancia como “la más feliz del mundo”.

Gracias, Marta, por formar parte de nuestro pequeño-gran grupo de heroínas invisibles. Un placer conocerte un poquito más y gracias por demostrarnos (aunque ya lo sabíamos) que eres una persona maravillosa.

A la vida hay que devolverle lo que te da.
— Marta González

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